Creía que debería haberlo sabido, pero la violencia le puede ocurrir a cualquiera.

Durante mi trayectoria profesional en el sector sanitario, a menudo había ayudado a víctimas de violencia doméstica. Les brindaba apoyo y animaba a muchas de ellas a buscar los servicios del refugio para mujeres. Jamás imaginé encontrarme en esta situación. Era de mediana edad y llevaba varios años divorciada cuando conocí a un hombre. Era dulce y amable, me apoyaba y me traía regalos hasta en las ocasiones más insignificantes. Me presionaba para que me comprometiera con él. Pronto empezamos a vivir juntos y nos casamos al cabo de un año.

Hubo ciertas señales de alerta que debí haber notado. Pero él parecía saber exactamente cómo doblegarme. Solía ​​decir cosas humillantes, criticando mi inteligencia, mi forma de vestir o mi apariencia, pero luego me elogiaba y hablaba de la importancia de permanecer unidos. Era muy confuso, y se aseguraba de mostrar su mejor lado solo cuando estábamos con otras personas.

El abuso financiero comenzó poco después de casarnos. Me compraba viajes al extranjero y regalos caros, pero luego yo tenía que pagar las necesidades básicas. Cuando intentaba hablar de esto, se enfadaba y me llamaba desagradecida. Su comportamiento se había vuelto muy amenazante. Me tiraba cosas y me encerraba en el baño cuando protestaba. Si me enfadaba, me decía que estaba loca, que claramente necesitaba ayuda, preferiblemente en un psiquiátrico. Empecé a creerle y a dudar de mi propia cordura.

Él también había estado casado y describió a su ex como una persona muy difícil; debía de estar completamente loca. Empecé a comprender mejor la situación y a darme cuenta de que estaba en una relación abusiva, pero, lamentablemente, estaba en una especie de negación y tenía prejuicios. No era de las que se dejaban tratar así. Tenía estudios universitarios y un trabajo prestigioso donde se suponía que debía comportarme mejor. Por eso, me resultaba inconcebible que la gente a mi alrededor supiera lo que había pasado.

Así que empecé a aislarme. En su opinión, mis amigos eran unos idiotas que me influenciaban negativamente. Tampoco me atrevía a buscar ayuda profesional. Pero una noche reuní el valor suficiente y llamé al refugio para mujeres. Fue entonces cuando se abrió una compuerta y me di cuenta de lo bueno e importante que era contárselo a la gente y recibir apoyo y comprensión.

Me invitaron a una entrevista, la cual acepté. Me animaron a hablar abiertamente sobre la violencia con mis seres queridos. Resultó ser una suerte, y el hecho de que cada vez más gente lo supiera también me facilitó terminar la relación. Me mudé con mi hermana y solicité el divorcio.

Intentó por todos los medios evitar o retrasar el divorcio y se negó a firmar los papeles. Me enviaba mensajes constantemente, ya fuera con halagos y declaraciones de amor o con amenazas e insultos. Finalmente firmó, pero con la condición de salir mucho mejor parado económicamente del divorcio.

A veces me he arrepentido de no haber dedicado más tiempo a buscar consejo. Pero en aquel entonces, y aún hoy, pensaba que mi salud y mi felicidad eran más valiosas que las cosas materiales.

Salí adelante gracias a la ayuda que recibí del Refugio para Mujeres y al apoyo incondicional de mi familia y amigos. Animo a las mujeres a buscar ayuda. Acudan al Refugio para Mujeres. La violencia en las relaciones íntimas se da en todos los ámbitos de la vida, y es fundamental recordar que la vergüenza no recae sobre quienes la sufren.

Aunque la historia es dolorosa, nos recuerda que la violencia en las relaciones íntimas puede afectar a mujeres de todas las condiciones sociales. La seguridad, el asesoramiento y el apoyo del Refugio para Mujeres pueden marcar la diferencia cuando las mujeres dan los primeros pasos para salir de una relación abusiva. Apoyar la labor del Refugio para Mujeres permite brindar seguridad y ayuda a mujeres y niños cuando más lo necesitan.

Con su apoyo, nos permite mantener el refugio abierto las 24 horas del día, los 7 días de la semana, brindar asesoramiento y atención a los niños y las madres durante sus momentos más difíciles.